!Atrevete: yo poseo un revolver!

!Atrevete: yo poseo un revolver!

Cristina Merino

Language:

Pages: 444

ISBN: 2:00265987

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


Una banda de forajidos llega al hogar de una familia en busca de un hombre. Gunther, el líder de la banda, cree que este hombre les traicionó tras un robo. Es el comienzo de un largo viaje que les llevará hasta el resto del dinero y al verdadero traidor... Un comisario obsesionado por darles caza, tres hombres unidos por la codicia, una joven ingenua, un misterioso hombre de moral ambigua y una muchacha sedienta de venganza se unirán a Gunther y su banda en un pueblo del oeste llamado Redención.

The Threat (Animorphs, Book 21)

The Absolute (Animorphs, Book 51)

Seizure (Virals, Book 2)

Conviction (Tom Clancy's Splinter Cell, Book 5)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ellas saben. Y, a veces, cuando aún son fuertes, cuando el cuerpo aún está caliente, un ser vivo es capaz de seguir su rastro hasta que por fin las oye. Pero, normalmente, las voces de las almas se desgranan y se entrelazan con las huellas sonoras de otras, acompañándonos en vida y esperando nuestro último aliento para oír la voz de nuestra propia alma. Recorrer la llanura a la velocidad de las corrientes de aire, bajo la mirada omnipotente, luminosa y azul del cielo, sin límites de tiempo o

Paul apareció por la puerta abierta. —Josephine, �estás ocupada? Josephine, que miraba sin ver por la ventana de su habitación, se giró hacia él. —No —contestó. Brown entró con las manos en los bolsillos y una expresión preocupada en el rostro. Se detuvo al otro lado de la cama y se miraron en silencio durante unos segundos. Luego, Paul rompió éste diciendo: —El doctor ha dicho que Sarah ha tenido suerte, sus heridas no son graves; una caída como esa podría haber sido… Movió la cabeza como

carro camino de la granja donde residía, en un claro del bosque. Con el ceño fruncido por la preocupación detuvo la mula. Casi en el mismo instante, se dio cuenta de que su sospecha era cierta: el bulto era un hombre que yacía de espaldas en la mitad del puente. Rachel bajó del pescante y se aproximó deprisa. Pero ya nada podía hacerse por el desconocido, que, aparentemente, no había sufrido accidente o incidente alguno; todo parecía indicar que había sido sorprendido por un ataque al corazón.

hasta el catre. Burton seguía durmiendo. Luego, observaron a través de los barrotes y aspiró el aire y los olores que éste traía: el profundo y conocido de estiércol de caballo, cierta presencia etílica, la suave fragancia de hierba húmeda proveniente del bosque cercano. Y ese otro olor: una esencia suave y dulce que sabía a algún desconocido nombre de flor, una flor seguramente hermosa. Tan hermosa, quizás como la mujer de la que emanaba el embriagador aroma. Cerró momentáneamente los ojos,

Thomas alzó la vista. Había regocijo en los ojos de Rossenthal. Y una gran furia. El hombre de negro le disparó a bocajarro. Luego, espoleó de nuevo a su caballo y volvió junto al grupo justo para oír como Gunther daba una nueva orden: —Vámonos. —¡No puede dejarme así! —gritó Jones, atado al árbol. —Si no te conociera —murmuró Rossenthal al pistolero rubio de los ojos oscuros, con frialdad, cuando llegó junto a él—, diría que el traidor eres tú. El pistolero no dijo nada. El quinto hombre

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